Venezuela, lo vales todo, lo eres todo

IMG_2881.JPG

Venezuela. Te escribo, te nombro, te pienso y todo dentro de mí se mezcla, son emociones encontradas, son recuerdos y esperanzas. Así como muchos venezolanos, te recuerdo con el mismo gobierno, pero con alegría y amor.

Muchas cosas en la vida se salen de la teoría, quizás para tomar excepciones, quizás para convertirlas en ley. Hoy, yo me salí de mi teoría. Aquella en donde mi blog iba a estar lleno de paisajes hermosos, pero nuevos, aventuras frescas. Tan frescas que casi pudiera palparlas.

Pero hoy eso cambió. Decidí que mi país merece que le escriba, que le escriba siempre aunque no camine ya en sus tierras, que le recuerde y que mantenga esos recuerdos tan frescos que pueda palparlos en el tiempo y su distancia. Decidí que hoy más que nunca, Venezuela merece que se recuerden sus cosas hermosas, sus paisajes y su gente bella. Gente que quizás tampoco siga en esas tierras, o gente que hoy está luchando por un cambio.

El caos en Venezuela nunca desaparece. La alerta está a todas horas y en todas partes. Pero, las noticias – que ni debería llamarlas noticias, porque ningún medio de comunicación las está documentando – nos demuestran que el ‘pueblo’, quizás, esta vez se cansó.

17796220_10212771402301301_4316710814395643365_n.jpg

Hace año y siete meses me vine a vivir a Costa Rica, para conseguir un mejor futuro, para no vivir con miedo, para conseguir todo lo que busque, para tener una mejor vida. Una mejor vida atada a recuerdos, a añoranzas, a tristezas, y por supuesto, muchísimas cosas buenas, las cuales tengo que agradecer cada día, tanto al país, como a todos sus habitantes por haberme dado la oportunidad de lograr emprender el camino que buscaba.

Entre mis añoranzas, muchas son de viajes increíbles por este país, que en sus 900.000 km de superficie tiene para ofrecer. Desierto, selva, nieve y volcán… sabana, playa y mucho más.

Desierto, Médanos de Coro, Edo. Falcón. Kilómetros y kilómetros de arena, arena amarilla, tan caliente que te quema desesperadamente. Imposible visitar este paraíso y no sentir la energía del planeta movilizando la arena con el viento y rozando cada centímetro de la piel. Lugares así se quedan en el alma, gravados como en un piedra, pero suaves y cálidos al recordarlos. ¿La actividad perfecta? Sandboard, sin duda, es la respuesta. Bajar es divertidísimo, vuelas con el impulso y llegas como Superman. La subida es la parte ‘difícil’, la arena entra en tus pies, quemándote con cada paso, mientras se hunden tus pisadas en esas montañas infinitas. Si quieres pasarte de romántico y decirle a una persona que cuente los granos de arena de algún lugar, y así sabrá cuanto la quieres, te recomiendo que mandes a contar los de los médanos, sin duda: no la quieres, la amas.

1016739_10152988325440542_2107013271_n.jpg

Playa. Un sin fin de una costa caribeña, con ese tumbao’ que el coco representa. Mil playas, un mismo mar. Si hay algo que caracteriza una playa venezolana son los carros a la orilla del mar con música diferente a cada 5 metros y gente alegre celebrando la vida. El vendedor de los sinfín platos playeros, el que vende las ostras, unas cuantas empanadas, acompañadas, por supuesto, con salsa de ajo. Calor delicioso que te abraza en cada momento. Venezuela tiene mil playas, describirlas todas con estas palabras son suficientes para englobarlas, pero es más que obvio que cada una tiene su característica típica que la diferencia del resto.

IMG_2864.JPG

Llano, Río Capanaparo, Edo. Apure. . De allá de donde vienen las canciones típicas de nuestro país. De allá donde el calor ya no te abraza, sino que te quema. Si no tienes toldo, a las 12 del medio día ya no tienes por donde huirle. Bastante protector y paciencia. En los llanos el calor quema, pero los ríos te refrescan deliciosamente. Básicamente cruzar un río es arrastrar los pies, cuidando siempre no rozar con una raya, para no morir como Steve Irwin, o en manos de una baba, cocodrilo pequeño, que puedes ver de noche con solo alumbrar con una linterna. Sus ojos verdes en la noche son imperdibles, todas te miran, me pregunto si espiando o esperando. Sea lo que sea, ahí siempre están.

IMG_2866.JPG

Montaña. El Ávila, Caracas. También conocido con el imponente guardián de la capital, el Waraira Repano. No importan en que parte de esta increíble sucursal del cielo, su presencia no pasa desapercibida. El Ávila lo brinda todo: paisajes, ejercicio, contacto con la naturaleza, guacharacas, fresas con crema, el teleférico, sandwich de pernil, patinaje en hielo, helados de frutas en Sabas Nieves. El Ávila es ejercicio perfecto a diario, lo certifico, era mi entrenador personal en cada tarde universitaria. El norte, mi norte y el de muchos.

IMG_2865.JPG

¿Y cómo no? Sabana. Roraima, Edo. Bolívar. Realmente no hay lugar más mágico, virgen y puro como la sabana. ¿Lo imaginas? Parece mentira, pero ejercicio + naturaleza – tecnología = combinación perfecta. Conexión espiritual, conexión con uno mismo que te nutre, te nutre de buena energía, de las mejores vibras. Cada río en el que te bañas, cada uno más frío que el otro, revitaliza tu cuerpo. Ir al Roraima una vez al año debería ser un requisito nacional. Y definitivamente no hay mejor guía que un pemón, un indígena local, el que lo conoce todo, el que realmente te cuenta las cosas tal y como son.

603745_10155484466950542_1588004209461945806_n.jpg

Existen, así, un millón de lugares increíbles que este hermoso país, la perla del caribe, tiene para ofrecer, pero nombrarlos todos sería eterno. Y aun así, no la recorrí completa. Hoy, como todos los días, te extraño y quisiera verte feliz, verte libre y ver a tu gente con calidad de vida, la calidad de vida que todo ser humano, por derecho, merece. Venezuela, lo vales todo, lo eres todo. Chamita, donde nací, donde crecí y a donde me encantaría volver.

Venezuela, llevo en tu luz y tu aroma en mi piel.

Guanacaste: playa y belleza con calor

IMG_2252.JPG

¡Que emoción! Era viernes y ya nos íbamos a Guanacaste, a la boda de dos grandes amigos que nos han recibido en un país nuevo con la más cálida amistad posible.

Como la boda caía sábado, Juan y yo decidimos pedir el día libre, para salir con calma y poder llegar a la cena de bienvenida del viernes.

Guanacaste, y quizás se mantenga así aunque continúe conociendo el país, es mi provincia favorita. Soy una amante de Alajuela y sus increíbles cataratas y montañas, pero hay algo en las playas que me enloquece, es una vibra, un no sé que, que me mata.

250px-Costa_Rica,_administrative_divisions_-_de_-_colored.svg.png

Y es que desde que vas entrando en el camino, uno ya siente ese cambio visual y climático que te da la bienvenida a la tierra de hermosas playas del Pacífico. La sequía del verano deja una gran marca inconfundible, que la grama color paja cambia por completo el paisaje. No obstante, el verano no nos “quita” la belleza, sino que suma otras, como el hermoso árbol llamado Grandis Cassia, mayormente conocido como Carao en Guanacaste. Su color rosa viejo, rosa pálido, ese que le atribuyen a las señoras mayores, como si los colores combinaran con las edades. En fin, rosado con pequeñas flores que llaman a la vista, tal cual lo hace un hermoso atardecer en la Eólicas de Santa Ana. Además, imposible no sentir el calor que hay el el ambiente, incluso con el aire acondicionado del carro prendido se logra sentir que la temperatura aumenta. 

IMG_2138.JPG

Nuestros amigos, prontos a casarse, habían planificado una cena de bienvenida en un restaurante en Flamingo, una de las playas que atrapó mi alma, más allá de su mismo nombre que da alusión a una belleza más de la naturaleza. Su arena es tan suave y blanca, su vista y atardecer atrapan a los ojos de cualquiera.

FullSizeRender.jpg

La cena fue a las orillas del mar, en un restaurante llamado Coco Loco. Si algún día van a Flamingo, definitivamente este lugar es un must. Tienen una combinación de sabores que simplemente explotan en el paladar, además de que el coco, forma parte de muchos platillos, dándole un toque especial, brindándole honor a su propio nombre.

Esa noche ya había comenzado la fiesta.

El sábado decidimos despertarnos temprano e ir a desayunar algo típico, algo más que típico del país, típico para nosotros, porque se ha vuelto una costumbre desayunar pinto en viajes, como la mejor y más deliciosa excusa para no cocinar.

Kike fue el ganador. Mientras íbamos en el camino vimos unos monos… definitivamente esto es una de las cosas que más enamora de Costa Rica, el constante contacto con la naturaleza acumulada en un pequeño pedazo de tierra en Centroamérica, ahí donde lo “wild” no se pierde (y que por favor nunca lo haga). 

FullSizeRender 2.jpg

El pinto, como siempre, nunca deja mal. Al terminar de desayunar fuimos a encontrarnos con Andreina, mi hermana, y el combo, a Playa Negra. De negra tenemos lo mismo: nada. Curioso, ¿cierto? Pero de hermosa lo tiene todo.
Como todas las playas, -y rincones de Costa Rica- esta también tiene su canchita de fútbol, cerca del mar, cerca de todos. Me encanta la manera de incentivar el deporte nacional, ese que llevan en la sangre y transmiten con pasión en cada partido de la Selección o de su equipo favorito.

IMG_2074.JPG

A las orillas del mar se forman una especia de árboles en la arena, ese resultado del abrazo arrastrado que dan las olas al llegar a la orilla. Tiene la apariencia de un bosque con grandes árboles sin hojas. Y también, por la marea baja del momento, se forman unas “piscinas” como las llama Zoe mi ahijada, perfectas para explorar la fauna del lugar.

IMG_2248.JPG

Zoe siempre ha sido muy curiosa y trata de entender todo -que cuando la veo, tengo envidia de no haberlo querido hacer a su edad, pienso en lo grande que será por su propia manera de ser-. Acompañarla en sus aventuras de crecer, escucharla, hablar con ella, jugar, es otro mundo, y -aunque siempre lo digo- cada cabeza es un mundo, el mundo de ellos -de los chiquitos- es definitivamente otro mundo. Ladrones (ermitaños), cangrejos, peces, caracoles, estrellas de mar y mucho más forma parte de cada piscina. Solo tienes que mirar y descubrirás todo lo que hay.

IMG_2249.JPG

Para el almuerzo decidimos ir a Tamarindo, otra playa hermosa de Guanacaste. Noguis fue el restaurante escogido para esta ocasión, pero nuestra estadía fue rápida. Había que arreglarse para la boda, el momento de nuestros amigos había llegado y Playa Grande era su ubicación.

Definitivamente cada detalle fue pensado, planificado y ejecutado, para que el ambiente estuviera perfecto y en su punto, para llevarse a cabo. Fue justo al atardecer, como cierre de broche de oro para cerrar el pacto de amor y comenzar la fiesta de una vida de aventuras y amor.

IMG_2250.JPG

En la fiesta éramos casi 10 nacionalidades, y digo casi porque una persona tenía conexión con Jordania, pero no tenía la nacionalidad como tal. ¿Quién diría que 10 países se llevarían tan bien para vivir una misma fiesta juntos? Excelente música, ambiente, baile, comida, todo. Excelente todo.

Domingo. Día de disfrutar y regresar a casa. Decidimos quedarnos en Playa Grande para disfrutar del día con mis sobrinas. El agua es tan fría, que con solo meter los pies ya se refresca todo el cuerpo, aunque quien bien me conoce, sabe que el frío forma parte de mi vivir diario, él y yo convivimos en cada momento.

Al regresar fuimos a San Carlos, para dejar a Juan y descansar. El camino hacia San Carlos definitivamente es muy diferente al camino de San José. Por alguna razón el verano no afecta tanto en estas zonas y el verde sigue formando parte del paisaje. Realmente si te quedas mirando el camino lograrás ver la cantidad de animales disfrutando de su vida en su hábitat natural. Yo vi un tucán, uno volando de un árbol a otro. Con su pecho amarillo y su cuerpo negro, su pico largo y de colores.

Ya la última parada se hacia esperar con ansias. Fue el restaurante Café Macadamia, ese que queda frente al lago Arenal, pero como este es tan grande, no tiene vista al volcán. Nuevamente les comento que este lugar es un must, todo lo que sirven ahí es sumamente delicioso. Juan y yo ordenamos una sopa cada uno. Él de cebolla y yo de tomate, y ambas estaban realmente deliciosas. De seco ordenamos pizza, cada bocado hacia fiesta en mi boca.

IMG_2251.JPG

Realmente si tengo que escoger el mejor lugar de este fin de semana, sin duda alguna sería Playa Flamingo, su arena realmente hacia química al tocar con mis pies y sin duda alguna lo mejor para comer en la playa está en Coco Loco.

Le monde de la politique est complexe

Estamos en febrero, el mes del amor y de la amistad, el mes en que Juan y yo nos hicimos novios. Ya ha pasado un año – un año increíble, lleno de aprendizajes y experiencias -, así que decidimos aventurarnos, como de costumbre, e irnos un fin de semana lejos de la capital, algo romántico e íntimo, algo de los dos. Escogimos Sámara, una playa ubicada en la Península de Guanacaste, al norte de San José. Ninguno de los dos había ido, así que decimos que ese sería un buen lugar para brindar por nuestro primer aniversario.

Decidimos tomar el consejo de dos grandes amigos, que han viajado por el país y lo conocen casi como la palma de sus manos, y buscamos algo bonito y accesible – muy importante – por Airbnb. Era algo que nunca habíamos hecho, por lo que deseábamos vivir la experiencia de convivir con otros seres humanos totalmente desconocidos, y llevarnos algo nuevo y especial a casa.

La hora de entrada a nuestra habitación era a las 2pm , así que Juan y yo decidimos salir temprano de Chepe y disfrutar el día de la playa. Preparamos la cava, los snacks, y por supuesto – no podía faltar – , las cervezas. Música, comida, playa, Juan y yo. No necesitamos de más para disfrutar de un rato increíble a las orillas del mar.

Al hacerse la hora, arrancamos vía el lugar de hospedaje, Casa Mareola, de Michele Y Karina. Intentamos subir con el carro, un Toyota Echo 2001, pero fue un intento fallido. Tiempo después, Michel nos contó que solo 4×4 lograban la subida. Parqueamos el carro abajo y subimos caminando. El lugar se veía increíble. La subida era bastante empinada y tenía rocas pequeñas y blancas, que, según Karina y Michele, no se consiguen ya de ese tamaño. Menos mal ellos ya las tienen, porque le dan un toque hermoso a la casa.

En la parte de arriba de la subida se encuentra la casa, Dos plantas de pura madera y un porche con el techo tan alto, como los dos pisos de aquel lugar. Arriba nos recibió una joven pareja francesa, que tienen 15 años viniendo cada 6 meses a Costa Rica, a disfrutar del paraíso centroamericano. Karina tiene los ojos azules, su hija de 8 meses, sin duda alguna, los tiene iguales, es flaca, alta y con el cabello amarillo. Michele, por el contrario, tiene los ojos verdes, también es de cabello amarillo y tez blanca.

Conversamos con ellos un rato y luego nos fuimos a nuestro cuarto. Paredes de madera, cortinas verdes y rojas. Demasiado acogedor. Esa noche, Juan y yo, fuimos a comer a las orillas del mar en Dolce Vita. Un lugar, que por su clientela, se podría decir que es el mejor. Tenía unas telas con cojines, en donde el cielo se apreciaba de una manera increíble, las estrellas hablaban y contaban su propia historia. Un par de tragos y una pizza fueron suficientes para acabar con nosotros. La hora de dormir había llegado.

Al día siguiente al despertarnos, nos duchamos y salimos del cuarto. Karina había preparado un delicioso revoltillo de huevos, café, tostadas y frutas, la mayoría de ellas de su propio jardín. Luego de desayunar quisimos quedarnos con ellos hablando un rato, solo para intercambiar experiencias. Ellos nos contaban de su país y nosotros del nuestro.

Nosotros, lejos de nuestro antiguo hogar, les contábamos todo lo que se puede vivir en él y la cantidad de impunidad que existe en esa parte del mundo. Ellos, con su acento francés y sus confusiones de palabras, nos contaban que en Francia la gente no roba, e incluso ni los mismos policías, porque existe “la police de la police”, y es que, como dice Michele, “¡Le monde de la politique est complexe!”.

Limones, star fruits, papayas y demás son las frutas que tienen cultivadas en el jardín. A Michele le gusta mucho estar en contacto con la naturaleza. Se ha vuelto un gran apicultor, gracias al internet, y tiene dos especies de abejas, sin aguijón, que por experiencia propia, crear una miel deliciosa y cada una distinta en su especie. Además, en Francia se dedican a la orfrebrería. Piezas hechas con diferentes partes del mundo. Yo escogí una tobillera con espinas de peces africanos. Los recuerdos físicos nunca están de más, ¿cierto?

Cada viaje es una nueva experiencia, cada persona nos enseña algo distinto. Cada día somos mejores.

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑